jueves, agosto 23, 2007

La niña que sabía demasiado

Hace mas de un año que no actualizaba este blog, pense hacerlo con este post que fue escrito para una clase, me parece una buena forma de volver a lo que me gusta.

La memoria es traicionera, eso dicen las abuelas, en mi caso particular es una afirmación valida y el porqué de mi encuentro con la escritura. Yo no suelo recordar de manera fácil los hechos y situaciones de mi vida, tal vez como dicen mis amigos “me acuerdo de lo que me conviene”. Si empiezo a creer esto puedo llegar a la conclusión de que la escritura me convenía y la lectura probablemente no, pero algunas teorías de psicología infantil que he conocido proponen que a partir de los tres o cuatro años un niño tiene conciencia de sus actos y puede grabar recuerdos. Debe ser por eso que no recuerdo mi primer encuentro con la lectura y que según mi mamá fue a los tres años y creo yo fue por la curiosidad o la sed de competencia (nunca lo sabremos) ya que a mi hermana mayor le habían dado un libro de cuentos y fui yo la mas interesada en verlo y en tenerlo.

Mi madre, en sus ratos libres me acogió y comenzó con el ahora rechazado método tradicional de lectura “m y a, ¿cómo se dice? ma” y poco a poco llegue a entender palabras enteras y luego frases y luego todo el cuento y finalmente todo el libro. Con la escritura fue un proceso parecido pero de eso sí tengo memoria, recuerdo mis tardes siguiendo una plana de lo ahora llamado “circulitos y palitos” o letras que yo encontraba familiares pues ya los había visto en el libro.

Sin embargo, cuando hablamos de lecturas existen diferentes tipos, la lectura sensorial, la lectura visual, la lectura auditiva o la audiovisual. Supongo que la primera, la sensorial, la tuve recién llegué al mundo y creo que para todos fue la más dolorosa, eso de conocer olores y sabores, sonidos, imágenes por primera vez para que luego se olvide esa sensación y ya solo sea de alguna forma mecanización. El resto de lecturas están inherentes a la sensorial, mi favorita es la lectura auditiva pues me recuerda los buenos momentos cuando de pequeña mi padre, a falta de libros, decidía contarnos historias a mi hermana y a mí sobre su vida de joven, los abuelos, su vida con mi mamá, casi todas sus experiencias personales agradables y una que otra historia mágica. Para mí, no existían los cuentos de los hermanos Grimm, ni las hadas pues mis héroes eran de carne y hueso y su historia no se remontaba a miles de años o a medio siglo antes, sólo a 10 o 30 años anteriores a mi nacimiento y existencia. Siempre fui la que pregunto por qué, hablaba como dice el dicho “hasta por los codos”, leía hasta el letrero del bus en el que mi mama me llevaba al jardín (decía chapinero, de eso me acuerdo bien) y me fijaba sobretodo en los detalles de las cosas.

El primer día de clases fue traumático, la separación del seno materno fue difícil pero nunca olvidaré ni el vestido con el que iba ni la maleta que llevaba, sobre todo por el olor, tenía ese olor a termo con café (porque en ese entonces supongo que no era tan malo darle café a un niño) y a cartera de colores con borrador de fresa, tampoco lo olvido porque como casi siempre en mi vida, nunca llegué temprano y apenas llegué me sacaron. Recuerdo que me hicieron un examen y luego me cambiaron de salón con otros niños que no fueron los primeros que yo vi al comienzo de la mañana y que me aceptaron en su grupo luego de que un angelito me vio sola y me reunió con ellos, tiempo después supe que por mi curiosidad y por el empeño de mi madre, me adelantaron un nivel educativo.

Vino el cambio de ciudad, de vida, de "amiguitos", de institución y de nivel educativo. Las pequeñas frases que mi madre me ponía a escribir se convirtieron en dictados hechos por una profesora a ratos amable, a ratos una fiera. El miedo rondó siempre y se acrecentó en grado segundo pero no temor por la escritura sino por la “geometría”, un ejercicio tan simple como trazar líneas me negó (quizás) el gusto por las rayas y los ángulos sin regla, como dirían teóricos del aprendizaje “bloqueo psicomotriz” aunque para mi fue psicológico, el crecer con el temor de poder nunca hacer una línea recta sin la ayuda de una regla.

Entre los recuerdos mas agradables fueron mis recreos en la mini-biblioteca del colegio, recuerdo que en la puerta estaba una señora de facciones amables y con una sonrisa de oreja a oreja nos invitaba a entrar. Yo la verdad no sabía que esa era la biblioteca porque no tenía ninguna marca visual para ello pero, atraída por la curiosidad gatuna, decidí entrar y sobre cada uno de los escritorios había un libro, me senté en uno de ellos y abrí mi puerta a la imaginación. Era un libro de cuentos y leyendas latinoamericanas, ilustrado y aunque no decía explícitamente "para niños" yo sabía que era para mí. Algunos recreos los pasaba allá leyendo cuentos y biografías hasta que cambiaron a la señora amable por alguien más joven pero menos útil y totalmente amarga. Ahora ese lugar de ensueño quedó convertido en un lugar simple, sin vida y lo peor solo utilitario. Sin embargo, esa pequeña semilla curiosa por la Electura no paró ahí. Los domingos en la mañana cuando toda mi casa estaba tranquila yo me despertaba primero que todos y buscaba las enciclopedias de mi casa para encontrar nuevos mundos, enterarme de datos de la antigua Colombia (como la división de departamentos, comisarías y dependencias), los volcanes y ríos más famosos del mundo y datos por el estilo. Llegada la pre-adolescencia ya no leía enciclopedias sino revistas que tenían mi mamá y mi hermana como la Cosmopolitan y la famosa Tú (hay que aprender de todo). La cultura general se volvió cultura pop y fue, de nuevo gracias a mi hermana, que retomé la literatura. Para ella, el intercambiar libros y música (o pedirlos prestados por tiempo ilimitado) se volvió un hobby y yo fui la beneficiada de ello. Empecé con Laura Esquivel (debe ser por eso que me atrae la literatura femenina) y terminé con el infaltable Gabo. Solía burlarme de mi misma diciendo: "Si quisiera ser reina de belleza podría hacerlo, solo que a diferencia del resto de candidatas yo sí me leí Cien años de soledad".

El encuentro total con la escritura llego a mis ocho años cuando emprendí la tarea quasi titánica de mantener un diario que terminó convertido en un “cuaderno de escribir la vida” como aquellos que llevaba Clara, personaje de “La casa de los espíritus”, una de mis novelas favoritas (sino la más). Ahora lo leo y no lo creo, todos los detalles que a los ocho años puede escribir una chiquilla, lo que ve y lo que no ve y sobre todo lo que siente. Ese pequeño vestigio de amor que puede sentirse a esa edad, anhelos, sueños y fracasos. Esta tarea la continué hasta que cumplí quince años, llego la adolescencia y con ella los sueños infantiles y las ilusiones felices murieron, (wake up! you’re not a child anymore). Ahora solo queda el recuerdo de lo pasado, ya no escribo la vida, pero la leo. Leo mis cuadernos, leo los cuadernos de otros. La precocidad en la lectura volvió a tener importancia; esa pasión que nació antes que mi memoria sigue ahí y no va a ser fácil quitármela de encima. La terquedad no me dejará o tal vez la curiosidad. Esperemos a ver que pasa. Mañana les cuento.

domingo, marzo 26, 2006

La ciudad inculta

Es increíble que después de tantos programas de competencias ciudadanas implementados a lo largo del país, algunas ciudades sigan renuentes a estos adelantos culturales y crean que la gente es estúpida y no se da cuenta. En algunos casos sí y eso es lo peor porque la gente sigue entonces en el mismo limbo y no aspira a algo mejor. Un caso en particular, la ciudad (aunque yo prefiero llamarla "pueblo con semáforos") en la cual habito: Bucaramanga; no sólo porque esta ciudad tiene crisis de identidad cultural sino porque en el fondo la cultura no tiene verdadera cabida aquí. Me explico, hace poco escuchaba en la única emisora cultural que tiene a un locutor que aterrado decía: "caminé tres kilómetros por una de las principales avenidas de la ciudad y no encontré ni una sola caneca de basura" y después se preguntan porque hay tanta basura. "Pero eso que importa para eso están los barrenderos" dice comunmente la gente. Ahora bien, la carrera 33 es una excelente muestra de la crisis de identidad cultural y lo digo porque esa carrera se remodeló bajo replica bogotana con tan malos ingenieros y planeadores que no se dieron cuenta de que las calles aquí son más angostas y los autobuses o los automóbiles no caben y siempre hay trancón. "Pero eso que importa si igual se ve más bonito" claro a costa de baches y de ruido ¡dííígame! Por si fuera poco, en esta ciudad nadie asiste a las retretas de la Concha acústica o a los Parqueartes o a los viernes en frente de la Biblioteca Gabriel Turbay (que no es la única pero si la más grande y más completa) pero se llena Cenfer o Juan Parranda si "Jorgitio" Celedón o el "Charrito negro" se presentan. Los ejemplos son innumerables y la gente, como borregos, sigue al peor pastor, al que le proponen los programas de televisión, la modelito tonta de la sección de farándula, la parodia ideologista de la novela, el locutor pseudo-play de todas las mañanas, enfin, se necesitaría más de un post para nombrarlos. La idea de este comentario no es una simple queja, no es una simple crítica, es un paso hacia la reflexión y el cambio utópico, el que lo quiera tomar, bienvenido y el que no, buena suerte con la manada.

lunes, octubre 31, 2005

Ranas cocidas

Hoy, en clase de poesía me sorprendió el comentario de una compañera cuando al hablar de la evolución de la humanidad y de la posición individual frente a este mundo rápido y confuso ella respondió: "profe, es que parecemos ranas cocidas, es decir,si ud pone a una rana viva en una olla con agua y la pone al fuego, la rana no se mueve, no salta, y se deja morir ahí, cocinada..". Y al parecer ella tiene razón. ¿Cómo es posible que soldados violen a mujeres indigenas y que encima de todo acusen a la periodista que denuncia este hecho de imparcial y mentirosa por lectores inescrupulosos (ver revista Semana edición web), que la policia "presuntamente" asesine estudiantes, que la reelección haya pasado en la corte, que las colegialas ahora sean blanco de la prostitución, que 88.9 y HJCK -y así como vamos Radioactiva (ya la quitaron en Bucaramanga hace 6 años)- desaparezcan (al menos del dial -en el caso de la HJCK- y toque buscarla en Internet para que las masas pudientes y cultas puedan acceder a ella), que la mega siga existiendo y que todos parezcamos disfrutar este "mundito light" que complementan las modelitos postizas, la sociedad consumista, las secciones de farándula, el reggaeton vulgar, el vallenato guizo y el pop chicloso que ahora es dizque folclor de "Nuestra tierra", y que no se haga nada? Nada. Este post lo escribo con rabia y sobre todo con un sentimiento de incapacidad ante estas cosas porque a pesar de todo aún puede darse el cambio. Y es que con eso de pensar que "a mí no me toca", o que "a mí no se refiere", no se logra un sieso. El hecho de leer literatura, escuchar "buena musica" y quizas pertenecer a la pseudo elite literaria y cultural pueblerina no exenta a nadie de estas situaciones. ¿O es que ud., querido lector, va a negar que no ha disfrutado de programas los realities copia (para variar) de programas estadounidenses, así como quejarse porque estudiantes protestan y tildarlos de salvajes al hacerlo por la muerte (¿accidental?) de un compañero cercano? Eso a la larga es una pendejada como todo lo que está pasando ¿o no? Pues yo solo lancé la piedra, no escondí la mano y debo decir que prefiero salirme de la olla y morir quemada en el fogón o matarme en el salto que morir por parsimonia y olvido en una olla siendo cocinada sin siquiera saberlo.

domingo, octubre 16, 2005

La verdad acerca de los perros y los gatos


Es cierto que los perros y los gatos no se llevan bien, pero alguien se ha preguntado ¿por qué? Pues bien, en uno de mis ratos libres y al observar a mi perra rottwailler y a mi gato mirandose con odio, entendí el porqué; y no sólo eso, descubrí que las personas somos iguales a la mascota de nuestra preferencia entre estos dos animales, lo cual puede explicar porque a unos les va bien y porque a otros no, porque hay países desarrollados y porque otros seguimos en el atolladero. Dejenme explicarles con un ejemplo sencillo: los perros nacieron para que se les dieran órdenes, para que los entrenaran y a cambio de una galleta, brincan, se sientan, dan la pata, etc., pero los gatos hacen lo que se les da la gana, cuando se les da la gana, no reciben órdenes de nadie ni mucho menos a cambio de algo, si se les consiente, bien, y si no, por ello no se deprimen. Pasemos ahora a las personas, hay personas a las que le gustan las órdenes y que, por ejemplo a cambio de una limosna, trabajan, actùan, comen, brincan, saltan, etc. Pero hay otras a las que no les gusta la corriente y se inventan nuevas cosas, no siguen a la masa, y hacen lo que quieren cuando quieren. En pocas palabras, hay gente con alma de perro y hay otra con alma de gato. Las personas de alma de perro son lo que se llamaría "esclavos del sistema": apegados a las reglas, mojigatos, con la misma opinión que el resto de almas perrunas, creyentes de todos los comentarios televisivos hechos por unas tontas o tontos con aire en la cabeza, seguidores de los comentarios de un locutorazo de pacotilla (que por cierto no es más que un viejo verde), lambones, feligreses extremos, etc., etc., etc. Los de alma de gato son los llamados "in": inconformes, insoportables (a veces), inquietos, inadaptados, incomprensibles, y en pocas palabras los raros, los diferentes, etc., etc., etc., (cabe aclarar que la mayoría de estos apelativos vienen de las almas perrunas) pero son ellos quienes cambian el mundo, inventan cosas, se rebelan contra el sistema, escriben obras literarias excelentes y hacen lo que se les da la gana.
Algo curioso es que los países en los que se prefiere a los gatos por encima de los perros, son países industrializados y generalmente sin problemas económicos o sociales como los de los países en vía de desarrollo. Aclaro que intento ser neutral pero, admitámoslo, las almas perrunas y gatunas tienen que ver algo con la elección de los gobernantes y de su posición en el mundo, sino, ¿por qué aún estamos donde estamos?, ¿por qué la gente se auto-exilia?, ¿por qué el que hace algo diferente termina muerto?, por dar ejemplos.
A fin de cuentas, lo que importa es que al menos se haga lo que pasa en mi casa, el perro por un lado, el gato por el otro, pero en la mayoría de las veces se respetan los espacios y si no, se reprenden por violar las reglas, ése el el porqué de su pelea continua, pero al menos allí, la grande protege al pequeño y sobre todo lo acepta.

jueves, septiembre 22, 2005

¡Viajar en bus, no es una maravilla! Parte II

En la primera parte expuse mis mayores quejas sobre el "servicio" de transporte urbano (servicio entre comillas, porque si fuera un servicio se haría, al menos, de buena manera o no existiría la famosa guerra del centavo y por lo tanto buses llenísimos de gente -oliendo a trabajo, a ambientador de oficina o a libro- que más bien parece una lata de sardinas), en esta segunda parte terminaré este desahogo. Ya hablé de los vendedores y limosneros, de la descortesía de la gente pero no mucho del conductor. ¡Ah! Este personaje, muy humilde y en la minoría de los casos, buena gente, comprensivo y hasta gracioso, es, probablemente, un egoísta que es capaz de dejar al pobre pasajero tirado en la mitad de la calle, o más allá o más acá de la parada o ni siquiera en ella porque se le olvidó parquear de un momento a otro o porque tiene que marcar tarjeta rápido o simplemente porque ya se cansó de conducir y quiere irse a dormir. ¿Qué importa que el pasajero también vaya cansado y que haya pagado completo el pasaje confiando en que este sujeto lo lleve sano y salvo cerca de su hogar? Porque eso sí, se creen Cronos y por ello piensan que pueden ir lento, lentísimo o rápido casi al punto de volcarse o quedarse estacionados en una vía de dos carriles haciendo trancón molestando a otros simples transeúntes o habitantes de la zona por el concierto de bocinas que todos los carros, buses, motos y volquetas muy prestos tocan. ¿Qué importa que si el ingenuo pasajero paga con un billete de diez mil o veinte mil pesos el personaje en cuestión le devuelva a cambio billetes solo de mil pesos feos, sucios y casi a punto de romperse? Y cuando va a recibir el cambio, si es una mujer, joven, dama, femina, etc., ¿no le toca aguantarse a veces el roce malintencionado del conductor que le da el vuelto pero que también aprovecha y le toca la mano en forma obscena y se le queda mirando durante todo el recorrido? Y ni que decir cuando es hora pico y deja subir pasajeros por delante y por detrás para que cuando ya el bus esté a reventar diga: "¿será que se pueden correr hacia atrás?" ¡hacia atrás donde si ya no hay espacio!. Así, continúa todos los días en un círculo vicioso, en donde no importa el pasajero "porque el que va manejando no es él" y en donde el secuaz ayudante del conductor repite el mismo comportamiento de su "tutor" perpetuando el mal servicio. ¿No es grandioso viajar en bus urbano cuarenta y cinco minutos en un ambiente digno de suicidio? ¿no es maravilloso pagar tanto por tan poco? Pues la reflexión queda entre ustedes y el que no esté de acuerdo, que escriba el primer comentario.

miércoles, septiembre 07, 2005

¡Viajar en bus urbano no es una maravilla! Parte I

Una vez leí en una columna de un periódico local a un señor al cual le parecía una maravilla viajar en bus urbano por el contacto con el otro ser y por un montón de palabras bonitas que siempre quise refutar por mi desacuerdo de acuerdo a mi experencia y a las de mis conocidos. Pues bien, aquí voy. El primer contacto humano que uno tiene es con el conductor el cual pocas veces saluda e incluso no lo deja al pasajero subir tranquilo cuando arranca haciendo que éste se golpee y lo deja al peligro de una caída. Después el ingenuo pasajero va y busca su silla que generalmente está sucia por el polvo acumulado de una o dos semanas. Asimismo, cuando se dispone a disfrutar del viaje, el conductor, fiel amante del vallenato, del reggaeton, de la ranchera, la norteña y los chistes verdes que un pseudo-humorista cuenta en la radio, decide subirle mucho más el volumen de su radio para que él se sienta cómodo dejandolo a uno incómodo y con dolor de cabeza, si le dice que le baje un poco lo hace pero apenas dos puntos de veinte que tiene el radio. Por otra parte, en aquel contacto humano que mencionaba este señor, ¿se habrá referido también al vendedor ambulante o al limosnero que con su sarta de mentiras preparadas intenta ofrecer productos no tan buenos y donde uno tiene que creerle su historia trágica destinada a dar lástima para que él pueda tener una moneda que luego le hará falta en el próximo pasaje? O el otro contacto con el ser, la señora al lado que le cierra la ventana porque tiene frío, o las niñas detrás jugando con las melodìas del celular y hablando para todos los pasajeros del bus, o los muchahos irrespetando las niñas y casi gritando por las cosas. Sí, en una sociedad tolerante este podría ser un paraíso, pero cuando va a mediodía o en la noche cansado de estudiar o trabajar lo único que quiere es llegar temprano y tranquilo, respirar un nuevo aire, mirar gente, alegrarse de que vive, etc. y con estas situaciones ¿Es eso posible? ...

viernes, septiembre 02, 2005

Sección farándula

Estoy verdaderamente aburrida de tener que ver las secciones de farándula de los noticieros, es simplemente un cultivo de superficialidad e idiotez en pleno horario familiar (y de relax). Es decir, además de tener que ver las noticias de una forma visceral sobre todo cuando se refieren a la violencia, tienen que culminar el noticiero con dos o tres modelitos tontas que solo sonríen (dizque para alegrar la sobremesa) y que lanzan comentarios para nada inteligentes o interesantes, además de equivocarse a cada rato, sea con la entonación que utilizan (sí, porque las noticias graves también se dan como si fuera un pastel de fresas) o con las palabras u oraciones que dicen. Lo que supuestamente debería dejar con una sonrisa en la boca para poder ir a trabajar feliz durante el resto de la jornada se convierte entonces, para muchos que comparten mi punto de vista, en un mal sabor interminable porque al otro día vuelve a empezar. Es la época del voyerismo, de la idiotez, de lo banal y lo más grave es que todos parecemos apoyarlo.